La España del XIX

El siglo diecinueve en España constituye un periodo de transición traumática y cambio perpetuo, marcado por la desintegración de las estructuras del Antiguo Régimen y el alumbramiento, a menudo violento, de un Estado liberal que luchó durante cien años por consolidarse frente a la resistencia de las fuerzas tradicionalistas.

Este proceso no fue una progresión lineal hacia el progreso, sino más bien una serie de avances y retrocesos dialécticos que dividieron a la sociedad en dos campos irreconciliables, sembrando las raíces de conflictos que perdurarían mucho más allá del cambio de centuria.

La catedral de Burgos entre 1850 y 1860 en una imagen de Henri Plaut publicada por la editorial francesa Gaudin-Frères.

La historia de este siglo es la historia de una crisis general de las instituciones nacionales que comenzó con el impacto de la Revolución Francesa y la posterior invasión napoleónica, eventos que actuaron como catalizadores de una transformación revolucionaria pero que también dejaron como herencia una división profunda entre un liberalismo ilustrado, a menudo agresivo y paternalista, y un tradicionalismo absolutista y católico intransigente que contaba con el apoyo de amplios sectores de la población analfabeta.   

La quiebra del sistema absolutista se precipitó en 1808, un año que marca el inicio de la Edad Contemporánea en España y que puso de manifiesto la extrema fragilidad de la monarquía borbónica de Carlos IV.

La Giralda entre 1850 y 1860 en una imagen de Henri Plaut publicada por la editorial francesa Gaudin-Frères.

La política exterior de la corona, dirigida por el polémico favorito Manuel Godoy, había vinculado el destino de España a la Francia de Napoleón Bonaparte mediante tratados como el de San Ildefonso y el de Fontainebleau, permitiendo el tránsito de tropas francesas para la invasión de Portugal.

Sin embargo, la ocupación francesa pronto reveló sus verdaderas ambiciones, provocando una crisis dinástica sin precedentes que culminó en el Motín de Aranjuez, donde Carlos IV se vio obligado a abdicar en su hijo Fernando VII. La posterior intervención de Napoleón en las abdicaciones de Bayona, donde forzó a ambos monarcas a renunciar al trono en favor de su hermano José I Bonaparte, dejó al país en un vacío de poder que fue llenado por la insurrección popular del dos de mayo en Madrid.   

La Guerra de la Independencia fue un conflicto multifacético que funcionó simultáneamente como una lucha de liberación nacional, una guerra civil entre patriotas y afrancesados, y un escenario de revolución política.

Ramblas du Centre, una imagen anónima de Las Ramblas de Barcelona a finales del siglo XIX.

La resistencia se organizó de manera espontánea a través de Juntas Locales y Provinciales que asumieron la soberanía en nombre del rey cautivo, desembocando finalmente en la creación de una Junta Suprema Central.

Rock of Gibraltar from the Spanish Bay, una imagen del Peñón tomada por B. L. Singley y publicada por Keystone View Co. en 1895.

Este conflicto militarizó profundamente la sociedad española, elevando al ejército y al clero como las únicas fuerzas sociales organizadas en un país donde la opinión pública era inexistente y los partidos políticos aún no habían nacido. La aparición de la guerrilla, una táctica de guerra de desgaste basada en el conocimiento del terreno y el apoyo popular, permitió a figuras de origen modesto ascender socialmente a través del mando militar, transformando al ejército en un potencial instrumento de cambio político para el futuro.   

Mientras la península ardía en combates, en la ciudad de Cádiz se gestaba el laboratorio de la modernidad política española. Las Cortes de Cádiz representaron una ruptura radical con el pasado al reunir a diputados de ambos hemisferios y proclamar que la soberanía residía esencialmente en la nación, y no en el monarca.

La Puerta de Serranos de Valencia en una imagen anónima y sin titular de la década de 1870.

La Constitución de 1812, conocida como la Pepa, fue el primer gran intento de racionalización del Estado, introduciendo la división de poderes, la libertad de prensa, la abolición de la Inquisición y el fin de los privilegios señoriales. Este documento no fue una mera copia de los modelos franceses, sino una creación original que buscaba conciliar la tradición histórica española con los principios del liberalismo racionalista, estableciendo un concepto de nación que incluía a los españoles de la península y de ultramar.   

Periodización política del siglo diecinueve en EspañaFechas claveCaracterísticas fundamentales
Guerra de la Independencia y Cortes de Cádiz1808-1814Crisis del Antiguo Régimen y primer intento constitucional.
Reinado de Fernando VII1814-1833Conflicto constante entre absolutismo y liberalismo.
Reinado de Isabel II1833-1868Construcción del Estado liberal bajo el dominio de los militares.
Sexenio Democrático1868-1874Experimentación democrática, monarquía de Amadeo I y Primera República.
Restauración Borbónica1875-1898Estabilidad basada en el turno pacífico y el fraude electoral.

El regreso de Fernando VII en 1814 supuso el fin inmediato del experimento liberal gaditano. El monarca, alentado por el Manifiesto de los Persas, decretó la nulidad de la Constitución y restauró el absolutismo, iniciando el Sexenio Absolutista marcado por una represión sistemática contra los liberales. Este periodo puso de relieve la incapacidad del rey para resolver los problemas económicos de una Hacienda en bancarrota tras la guerra y la pérdida de ingresos procedentes de las colonias americanas, que habían iniciado sus propios procesos de independencia aprovechando el vacío de poder en la metrópoli. La debilidad de la burguesía española obligó a los liberales a recurrir al ejército como único instrumento capaz de forzar cambios políticos, inaugurando la era de los pronunciamientos militares.   

El éxito del pronunciamiento del coronel Rafael del Riego en 1820 obligó al rey a aceptar la Constitución de 1812, dando paso al Trienio Liberal. Durante estos tres años, España intentó modernizarse mediante la supresión de la Inquisición, la abolición del régimen señorial y el inicio de reformas educativas. Sin embargo, la división interna entre liberales moderados, partidarios de reformas lentas con el apoyo de la corona, y los exaltados, que buscaban una ruptura total con el Antiguo Régimen, debilitó al gobierno. Esta inestabilidad, sumada a las intrigas constantes del rey y la intervención de la Santa Alianza europea, culminó en la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823, que restauró el poder absoluto de Fernando VII en la denominada Década Ominosa.   

La muerte de Fernando VII en 1833 abrió un nuevo capítulo de conflicto civil a través de la cuestión sucesoria. La derogación de la Ley Sálica mediante la Pragmática Sanción permitió el ascenso al trono de su hija Isabel II, provocando el rechazo de los partidarios del infante Carlos María Isidro, hermano del rey. Las Guerras Carlistas que siguieron no fueron solo una disputa dinástica, sino un enfrentamiento entre dos modelos de sociedad: el carlismo representaba el absolutismo, el clericalismo y la defensa de los fueros tradicionales de territorios como el País Vasco y Navarra; el bando isabelino, por su parte, se vio forzado a apoyarse en los liberales para sostener el trono, vinculando definitivamente la monarquía a la causa de la reforma constitucional.   

El reinado efectivo de Isabel II fue un periodo de inestabilidad crónica dominado por la figura de los espadones o generales-políticos como Espartero, Narváez y O’Donnell. La política española se dividió en dos grandes familias liberales: los moderados, que defendían una soberanía compartida entre el rey y las Cortes, un sufragio muy restringido y el orden social; y los progresistas, partidarios de la soberanía nacional, la ampliación de libertades y el desmantelamiento de las estructuras eclesiásticas. La Constitución de 1845 consolidó el modelo moderado, creando un Estado centralizado donde el gobierno nombraba directamente a los alcaldes y la Guardia Civil garantizaba el orden en las zonas rurales.   

En el ámbito económico, el siglo diecinueve español se caracterizó por un intento desesperado de modernización que chocó con la falta de capitales nacionales y la inestabilidad política. Las desamortizaciones fueron el mecanismo principal para transformar la propiedad de la tierra y financiar al Estado. La desamortización de Mendizábal en 1836 se centró en los bienes de las órdenes religiosas, buscando recaudar fondos para la guerra carlista y crear una base de propietarios fieles al liberalismo. Décadas después, la desamortización general de Pascual Madoz en 1855 afectó también a los bienes municipales, provocando una fractura social en el campo al privar a los campesinos pobres de los recursos comunales, aunque permitió un aumento de la superficie cultivada y el saneamiento parcial de la Hacienda.   

Comparativa de las principales constituciones del siglo diecinueve1812 (La Pepa)1845 (Moderada)1869 (Democrática)1876 (Restauración)
SoberaníaNacional.Compartida Rey/Cortes.Nacional.Compartida Rey/Cortes.
DerechosLimitados/Individuales.Restringidos.Amplios/Universales.Reconocidos/Flexibles.
SufragioUniversal masculino indirecto.Censitario muy restringido.Universal masculino directo.Censitario/Universal (1890).
ReligiónConfesional católica.Confesional (Concordato 1851).Libertad de cultos.Confesional/Tolerancia.

La industrialización española fue un proceso lento y geográficamente dispar. Mientras Cataluña desarrollaba una potente industria textil y el País Vasco se especializaba en la siderurgia, gran parte del interior peninsular seguía anclado en una agricultura de subsistencia poco productiva. El ferrocarril, concebido como el gran motor de integración nacional, comenzó a construirse de manera intensiva a mediados de siglo gracias a la Ley de 1855, que atrajo capital extranjero. Sin embargo, la adopción de un ancho de vía distinto al europeo y la dependencia de tecnología importada limitaron sus efectos positivos sobre la industria metalúrgica nacional, convirtiendo a España en una economía dependiente y periférica dentro del contexto europeo.   

La crisis final del reinado de Isabel II se debió a una combinación de escándalos financieros, crisis de subsistencias y el autoritarismo de los últimos gobiernos moderados. La Revolución de 1868, conocida como la Gloriosa, envió a la reina al exilio e inició el Sexenio Democrático, un periodo de experimentación política sin precedentes. La Constitución de 1869 estableció por primera vez en España una verdadera democracia con sufragio universal masculino y libertad de cultos. No obstante, la búsqueda de un nuevo rey por toda Europa debilitó la coalición revolucionaria, y el breve reinado de Amadeo de Saboya fracasó ante la oposición de republicanos, carlistas y alfonsinos, así como por el estallido de la guerra en Cuba.   

La proclamación de la Primera República en 1873 fue la culminación del ideal democrático, pero también un periodo de caos absoluto. La división entre republicanos federales y unitarios, sumada a la insurrección cantonalista en la que diversas ciudades se declararon independientes, impidió la consolidación del régimen. La inestabilidad, con cuatro presidentes en menos de un año, facilitó que los sectores conservadores prepararan el regreso de los Borbones. El pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto en 1874 puso fin al Sexenio y dio inicio a la Restauración en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II.   

El sistema de la Restauración, ideado por Antonio Cánovas del Castillo, buscaba terminar con el intervencionismo militar y los conflictos civiles mediante un modelo de convivencia pactada entre las élites. La Constitución de 1876, la más longeva de la historia de España, ofrecía un marco flexible para que los dos grandes partidos dinásticos, el Conservador de Cánovas y el Liberal de Sagasta, se alternaran pacíficamente en el poder mediante el turno pacífico. Este sistema se sostenía sobre un fraude electoral sistemático coordinado por el Ministerio de la Gobernación y ejecutado por los caciques locales, quienes manipulaban los votos para asegurar que el partido que debía gobernar obtuviera siempre la mayoría necesaria en las Cortes.   

Pese a su estabilidad inicial, la Restauración dejó fuera de la participación política a las fuerzas emergentes del país: el movimiento obrero, los republicanos y los nacionalismos periféricos. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fue fundado en 1879 por Pablo Iglesias, mientras que en Cataluña y el País Vasco surgían partidos que reivindicaban su identidad propia frente al Estado centralista. El final del siglo estuvo marcado por el trauma del Desastre del 98, cuando España perdió sus últimas colonias (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) tras una guerra desigual contra los Estados Unidos. Este evento provocó una profunda crisis de identidad nacional que dio origen al regeneracionismo, una corriente intelectual liderada por Joaquín Costa que pedía una modernización radical del país bajo el lema escuela y despensa.   

La vida cultural y social del siglo diecinueve reflejó estas tensiones políticas. El Romanticismo de la primera mitad de siglo, con figuras como Larra y Espronceda, dio paso al Realismo de la segunda mitad, donde novelistas como Benito Pérez Galdós retrataron con precisión las contradicciones de la sociedad española en sus Episodios Nacionales. Las mujeres, a pesar de estar privadas de derechos políticos, comenzaron a ocupar espacios públicos de relevancia. Concepción Arenal, pionera del feminismo, denunció la situación de las prisiones y defendió el acceso de la mujer a la educación, mientras que Emilia Pardo Bazán introdujo el Naturalismo en España y luchó por el reconocimiento intelectual femenino en un mundo dominado por hombres.   

Hitos del desarrollo económico y social del siglo diecinueveAño/PeriodoImportancia histórica
Decreto de abolición de gremios1813/1834Paso hacia la libertad de industria y comercio.
Desamortización de Mendizábal1836-1837Transferencia masiva de tierras de la Iglesia al mercado.
Creación de la Guardia Civil1844Consolidación del orden público centralizado en el rural.
Ley de Ferrocarriles1855Inicio de la gran red de transportes con capital extranjero.
Fundación del Banco de EspañaMediados s. XIXModernización de las instituciones financieras y monetarias.
Restablecimiento del sufragio universal masculino1890Apertura teórica del sistema político durante la Restauración.

El análisis detallado de la Guerra de la Independencia permite observar que el conflicto no solo fue una respuesta al invasor, sino el inicio de una militarización que marcaría el destino de la política española. Al no existir partidos políticos organizados ni una clase media burguesa lo suficientemente fuerte, los oficiales del ejército se convirtieron en los únicos gestores del cambio social. Muchos de estos militares, de origen modesto y ascendidos por méritos de guerra, formaron una clase media instruida preocupada por modernizar el país, pero en constante tensión con la oligarquía nobiliaria y clerical que trataba de apartarlos de los asuntos de Estado. Esta tensión explica por qué durante todo el reinado de Isabel II y el Sexenio, el mecanismo de cambio de gobierno fue casi exclusivamente el pronunciamiento, donde generales como Prim o Espartero actuaban como árbitros de la voluntad nacional en ausencia de un sistema electoral limpio.   

La evolución del liberalismo español durante el siglo también estuvo profundamente influenciada por las corrientes intelectuales europeas, especialmente el krausismo. Esta filosofía, introducida a mediados de siglo, propugnaba una educación laica, basada en la libertad de cátedra y el desarrollo integral de la persona, lo que cristalizó en la Institución Libre de Enseñanza. Profesores como Francisco Giner de los Ríos buscaron formar a una nueva élite intelectual capaz de sacar a España de su atraso histórico mediante la reforma de las conciencias, convirtiéndose en el germen de la modernización pedagógica que florecería en el siglo veinte. Sin embargo, estas ideas chocaron frontalmente con el clericalismo dominante de la Restauración, que mantenía un control estricto sobre la enseñanza oficial.   

La cuestión de las colonias americanas fue otro factor determinante que a menudo se analiza de forma aislada, pero que tuvo un impacto directo en la política interna peninsular. La pérdida de los virreinatos americanos entre 1810 y 1825 no solo significó el fin del imperio mundial de los Borbones, sino que privó al Estado español de los recursos minerales y el mercado exclusivo que sostenían la Hacienda. Este colapso financiero forzó las desamortizaciones y explica la fragilidad permanente de los gobiernos liberales, incapaces de acometer grandes obras públicas sin recurrir al endeudamiento externo o a la venta del patrimonio nacional. El Desastre del 98 no fue, por tanto, un evento repentino, sino el capítulo final de un largo proceso de declive imperial que comenzó con las guerras napoleónicas.   

En el ámbito social, la transición al capitalismo no fue fluida. Las desamortizaciones, aunque necesarias para movilizar la propiedad de la tierra, generaron un enorme resentimiento entre el campesinado. Al perder el acceso a los montes comunales y las tierras de la Iglesia que antes arrendaban en condiciones favorables, muchos campesinos se sintieron más pobres y desprotegidos bajo el régimen liberal que bajo el feudal. Esto explica por qué las partidas carlistas encontraron un apoyo tan sólido y duradero en las zonas rurales de Navarra, Cataluña y el País Vasco, donde los campesinos veían en la defensa de la tradición y el altar una forma de proteger su modo de vida frente a las innovaciones de la burguesía urbana.   

La condición de la mujer en la España del siglo diecinueve es un reflejo de esta lucha entre modernidad y tradición. A pesar de figuras excepcionales, la mayoría de las mujeres seguían careciendo de derechos políticos y su acceso a la educación era muy restringido. No obstante, hitos como el de Elena Maseras, quien en 1872 fue la primera mujer en matricularse en la universidad para estudiar medicina, marcaron el inicio de una ruptura lenta pero irreversible con las normas sociales imperantes. Escritoras como Fernán Caballero o Rosalía de Castro utilizaron la literatura no solo para la expresión estética, sino como una herramienta de reivindicación de identidades lingüísticas y de género que desafiaban el canon centralista y patriarcal del momento.   

Mujeres influyentes en la España del siglo diecinueveContribución principalÁmbito de actuación
Concepción ArenalReforma penitenciaria y derechos de la mujer.Derecho y Sociología.
Emilia Pardo BazánIntroducción del naturalismo y feminismo literario.Literatura y Ensayo.
Rosalía de CastroReivindicación de la lengua gallega y poesía lírica.Literatura y Poesía.
Elena MaserasPrimera mujer en acceder a estudios universitarios oficiales.Ciencia y Medicina.
Juana de VegaActivismo político liberal y promoción social.Política y Filantropía.
Gertrudis Gómez de AvellanedaPoesía y teatro de corte romántico y antiesclavista.Literatura y Teatro.

Hacia el final de la centuria, la derrota frente a Estados Unidos y la pérdida de Cuba actuaron como un revulsivo psicológico sin precedentes. El regeneracionismo de Joaquín Costa no era simplemente un programa político, sino un estado de ánimo que exigía el fin de la política de ficción de la Restauración. Costa denunció que España vivía bajo una oligarquía que secuestraba la voluntad nacional a través del caciquismo, impidiendo que el país se europeizara. Su propuesta de un cirujano de hierro que extirpara los males de la nación sería interpretada de diversas formas en las décadas posteriores, pero su diagnóstico sobre la necesidad de invertir en regadíos, educación y modernización económica marcó el debate intelectual del cambio de siglo.   

En conclusión, el siglo diecinueve español fue el escenario de una batalla épica por la identidad nacional. España empezó el siglo siendo una monarquía absoluta de vocación imperial y lo terminó como un Estado nacional desgarrado por la pérdida de sus últimas colonias, pero con las bases institucionales del parlamentarismo, el derecho moderno y una incipiente sociedad civil ya establecidas. Fue el siglo de las contradicciones, donde convivieron el tren y el arado romano, la libertad de prensa y el pucherazo, los generales revolucionarios y los obispos absolutistas. Un periodo convulso que sentó las bases de la España moderna y cuya comprensión es indispensable para entender los conflictos y las aspiraciones que marcarían el devenir del país durante todo el siglo veinte.   

https://www.jotdown.es/2013/10/un-paseo-en-tres-dimensiones-por-la-espana-del-xix/

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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