Las revoluciones británicas del siglo XVII

El siglo XVII en las islas Británicas constituye uno de los periodos de mayor complejidad y relevancia en la historia de la Europa moderna, representando un punto de divergencia fundamental respecto a las trayectorias políticas del continente. Mientras que en las grandes monarquías europeas, como la francesa de Luis XIV o la española de los Austrias, se consolidaba el modelo del absolutismo monárquico, en Inglaterra el intento de avanzar por dicha vía fracasó de manera estrepitosa, desencadenando una serie de transformaciones que sentarían las bases del parlamentarismo y la monarquía limitada. Este proceso no fue una transición lineal ni pacífica, sino una revolución política en toda regla que incluyó el levantamiento armado contra el soberano, su posterior decapitación y la implantación de un régimen republicano sin precedentes en una gran potencia europea. No obstante, es imperativo señalar que, si bien los cambios políticos fueron radicales y traumáticos, las estructuras económicas y sociales que contribuyeron a explicar la revolución fueron de maduración más lenta y previa, con una sociedad inglesa que ya a comienzos del siglo se presentaba como una de las más evolucionadas y críticas de Europa.   

La interpretación de estos fenómenos ha generado un debate historiográfico vasto y heterogéneo que ha evolucionado significativamente a lo largo de las décadas. La historiografía whig, hoy considerada en gran medida anacrónica por su visión presentista, interpretaba la revolución como un preludio necesario de la democracia occidental, viendo en los parlamentarios a defensores heroicos de libertades ancestrales frente a la tiranía real. Por el contrario, la corriente marxista, con figuras como Christopher Hill a la cabeza, explicó el conflicto como una consecuencia lógica de la lucha de clases, donde el ascenso de la burguesía y la gentry —esa clase media rural y urbana— chocaba con las estructuras feudales representadas por la alta nobleza cortesana y la Corona. Hill defendió que el proceso de 1640 fue una revolución burguesa que permitió la transición definitiva al capitalismo al eliminar las trabas institucionales de la monarquía absoluta.   

A partir de los años setenta, el surgimiento de las corrientes revisionistas, representadas por autores como Conrad Russell, introdujo una perspectiva más matizada y crítica, cuestionando tanto el determinismo marxista como el triunfalismo whig. Los revisionistas pusieron el foco en el tiempo corto de la historia política, la importancia de la contingencia, el peso de los actores individuales y, de manera crucial, la centralidad de los conflictos religiosos que a menudo habían sido relegados por interpretaciones puramente socioeconómicas. Asimismo, se subrayó el carácter británico del conflicto, entendiendo que las tensiones no afectaban solo a Inglaterra, sino que formaban parte de una crisis general de las monarquías compuestas o de agregación, donde la integración de reinos con leyes y religiones diferentes, como Escocia e Irlanda, planteaba desafíos constantes a la autoridad central.   

Escuela HistoriográficaEnfoque PrincipalInterpretación de 1640-1688Autores Representativos
WhigConstitucional y políticoProgreso inevitable hacia la libertad liberal.Macaulay, Trevelyan
MarxistaSocioeconómicoRevolución burguesa y lucha de clases.Christopher Hill, Maurice Dobb
SocialMovilidad socialCrisis de la aristocracia y ascenso de la gentry.Lawrence Stone
RevisionistaPolítico y religiosoContingencia y fracaso de la monarquía compuesta.Conrad Russell, John Morrill
Post-revisionistaModernización estatalPrimera revolución moderna y choque de modelos.Steve Pincus

A comienzos del siglo XVII, Inglaterra poseía una estructura social dinámica donde una parte de la pequeña nobleza y la gentry participaba activamente en iniciativas productivas, diferenciándose de la nobleza absentista y rentista del continente. Este desarrollo económico contrastaba con una rigidez política manifiesta en el poder centralizado de la alta nobleza cortesana, mayoritariamente inclinada hacia el absolutismo y el anglicanismo oficial. En oposición, el puritanismo se extendía entre la gentry y la burguesía, cristalizando exigencias de libertades frente al poder político y religioso. Las críticas se centraban en la concesión de monopolios económicos, la política fiscal discriminatoria y las limitaciones impuestas por la Corona a los poderes locales. Paradójicamente, a pesar de este dinamismo social, la Monarquía inglesa contaba con una organización militar y burocrática arcaica comparada con sus homólogas europeas, con ingresos insuficientes y una dependencia estructural de la aprobación parlamentaria para la recaudación de recursos extraordinarios.   

La muerte de Isabel I en 1603 supuso el fin de la dinastía Tudor y el acceso al trono de Jacobo VI de Escocia como Jacobo I de Inglaterra, unificando los reinos de la Gran Bretaña en una monarquía compuesta. Jacobo era un monarca intelectualmente dotado pero firmemente convencido del origen divino del poder real, tesis que defendió en obras como The true law of free Monarchies y Basilikon Doron. Esta concepción chocaba frontalmente con la tradición de la common law y la creciente autoridad del Parlamento inglés. Para el soberano, la estructura episcopal de la Iglesia anglicana era el pilar fundamental de la autoridad monárquica, idea sintetizada en su máxima no bishops, no King, lo que le llevó a perseguir tanto a los católicos radicales como a los puritanos disidentes.   

El reinado de Jacobo I estuvo marcado por constantes tensiones financieras derivadas de la inflación y las deudas heredadas. Al no lograr que el Parlamento reorganizara los ingresos reales en 1610, la Corona recurrió a expedientes como la venta de títulos nobiliarios y la creación del cargo de baronet para satisfacer las ambiciones de ascenso social de los sectores enriquecidos. La gestión del gobierno evolucionó hacia un sistema de favoritos, destacando la figura de George Villiers, duque de Buckingham, cuya acumulación de poder y ostentación cortesana irritaron profundamente a los sectores puritanos que dominaban la Cámara de los Comunes. La política exterior, caracterizada por un acercamiento a la España católica mediante el fallido proyecto del Spanish match entre el príncipe Carlos y la infanta María, fue percibida como una traición por la opinión pública protestante, exacerbando el malestar contra el monarca y su valido.   

Carlos I heredó en 1625 una situación de profunda desconfianza entre la Corona y el Parlamento. Su carácter desconfiado y su adhesión inflexible al absolutismo agravaron los enfrentamientos. A pesar de la necesidad de recursos para las guerras europeas, el Parlamento limitó la concesión de aranceles como el tonnage y el poundage a un solo año, buscando controlar a un monarca que consideraban sospechoso de tendencias criptocatólicas debido a su matrimonio con Enriqueta María de Francia y su protección a clérigos arminianos como William Laud. Los fracasos militares en Cádiz y La Rochelle, bajo la dirección de Buckingham, llevaron al Parlamento a intentar el impeachment del favorito, lo que resultó en la disolución de la asamblea y la imposición de préstamos forzosos por parte del rey.   

En 1628, la presentación de la Petition of Rights marcó un hito en la defensa de las libertades civiles, estableciendo la ilegalidad de los impuestos no aprobados por el Parlamento y el encarcelamiento sin juicio previo. Aunque Carlos I aceptó inicialmente estas condiciones para obtener subsidios, la persistencia de las disputas le llevó a disolver la asamblea en 1629 y a iniciar un periodo de once años de gobierno personal conocido como la tiranía. Durante esta etapa, el monarca prescindió del Parlamento y buscó la solvencia financiera mediante la venta de monopolios y la extensión del ship money, un impuesto naval tradicionalmente limitado a tiempos de guerra y a zonas costeras, que Carlos aplicó a todo el reino en tiempos de paz, provocando una resistencia legal liderada por John Hampden.   

ConceptoJacobo I (1603-1625)Carlos I (1625-1649)
Teoría del PoderDerecho Divino (The True Law).Absolutismo inflexible y ceremonial.
Principal ValidoDuque de Buckingham.Strafford y Laud (post-Buckingham).
Conflicto FiscalParlamento Addled, préstamos forzosos.Ship Money, Tonnage & Poundage.
Política ReligiosaNo Bishops, no King; persecución puritana.Arminianismo, imposición del Prayer Book.
Crisis FinalSpanish Match fallido.Guerra de los Obispos, Parlamento Largo.

El intento de imponer la uniformidad religiosa anglicana en Escocia mediante el nuevo Prayer Book redactado por Laud fue el detonante de la caída del régimen personal. La resistencia escocesa, plasmada en el National Covenant de 1638, derivó en la Guerra de los Obispos. La incapacidad del rey para financiar un ejército eficaz le obligó a convocar el Parlamento Corto en abril de 1640, que fue disuelto en pocas semanas ante la negativa de los diputados a votar subsidios sin discutir previamente sus agravios. La posterior derrota militar ante los escoceses forzó la convocatoria del Parlamento Largo en noviembre de 1640, una asamblea decidida a desmantelar el absolutismo carolino. Bajo el liderazgo de John Pym, el Parlamento suprimió los tribunales de prerrogativa regia, declaró ilegales las exacciones fiscales de la década anterior y ejecutó a Strafford, el colaborador más cercano del monarca.   

La desconfianza mutua entre Carlos I y el Parlamento alcanzó su punto de ruptura irreversible en 1641 tras el levantamiento católico en Irlanda. El temor a que el rey utilizara un ejército reclutado para reprimir la revuelta irlandesa contra la propia asamblea parlamentaria llevó a la presentación de la Grand Remonstrance, una crítica severa a la actuación real que exigía el control parlamentario sobre el nombramiento de ministros y el mando militar. La reacción violenta del monarca, que intentó detener personalmente a cinco líderes parlamentarios en la Cámara de los Comunes en enero de 1642, situó a las partes en pie de guerra. Carlos I abandonó Londres para organizar sus tropas en Oxford, mientras el Parlamento asumía facultades militares de las que carecía legalmente mediante la Ordenanza de la Milicia.   

La Guerra Civil dividió al reino no solo territorialmente, sino también en términos de lealtades religiosas y sociales. El bando realista o cavalier contaba con el respaldo de la alta nobleza, la Iglesia anglicana y los sectores más conservadores de la gentry, predominando en el norte y el oeste. El bando parlamentario o roundhead se apoyaba en los puritanos, la burguesía urbana, los trabajadores de Londres y los condados del este y sur, los más dinámicos económicamente. Sin embargo, esta división no fue nítida, ya que muchas localidades intentaron permanecer al margen de un conflicto que amenazaba el orden tradicional. La guerra fue prolongada y cruenta, alimentada por el fanatismo puritano que veía en la lucha una misión divina para transformar la sociedad.   

El surgimiento de Oliver Cromwell como líder militar fue determinante para la victoria parlamentaria. Cromwell, perteneciente a la gentry y de convicciones independientes, organizó una caballería altamente disciplinada, los ironsides, que demostraron su eficacia en la batalla de Marston Moor. En 1645, la creación del New Model Army introdujo un prototipo militar profesionalizado y motivado por el fervor religioso, inspirado en el modelo sueco de Gustavo Adolfo. La victoria definitiva en Naseby en junio de 1645 puso fin a la primera Guerra Civil y llevó a la captura del rey, abriendo un complejo periodo de negociaciones fallidas donde se discutían los poderes futuros del monarca y la organización de la Iglesia.   

Dentro del ejército y los sectores radicales surgieron propuestas que desafiaban no solo la autoridad real, sino la propia jerarquía social. Los levellers, encabezados por John Lilburne, abogaban por la soberanía popular, la igualdad política y la libertad religiosa, ideas que se difundieron ampliamente entre los soldados del New Model Army. En las conferencias de Putney de 1647, se debatió el Agreement of the People, un manifiesto que planteaba una organización republicana basada en el sufragio universal masculino, lo que alarmó a los sectores moderados y al propio Cromwell, quien representaba los intereses de la gentry y la alta burguesía. La desconfianza del ejército hacia las negociaciones del Parlamento con el rey culminó en la purga de Pride en 1648, dejando un Rump Parliament formado únicamente por independientes decididos a juzgar al monarca.   

FacciónBase SocialIdeología ReligiosaObjetivo Político
Realistas (Cavaliers)Alta nobleza, clero anglicano.Anglicanismo oficial.Mantenimiento de la prerrogativa regia.
Parlamentarios ModeradosGentry, presbiterianos.Presbiterianismo.Monarquía limitada por el Parlamento.
Independientes (Cromwell)Gentry media, oficiales.Independencia religiosa.Derrota total del absolutismo.
Radicales (Levellers)Soldados, pequeña burguesía.Tolerancia completa.Soberanía popular, república.

La ejecución de Carlos I en enero de 1649 como traidor y tirano supuso un punto de inflexión en la historia europea, siendo la primera vez que un tribunal revolucionario condenaba a muerte a un soberano reinante. Este acto dio paso a la Commonwealth, un régimen oligárquico liderado por Cromwell con el apoyo del ejército. La República se enfrentó de inmediato a la resistencia monárquica en Irlanda y Escocia. La represión en Irlanda fue especialmente sangrienta, con matanzas como las de Drogheda y una transferencia masiva de tierras de católicos a colonos ingleses que alteró permanentemente la estructura social de la isla. En Escocia, la victoria de Cromwell en Worcester forzó el exilio de Carlos II y la imposición de una unión forzosa con Inglaterra, sometiendo al reino escocés a la autoridad de Londres.  

El régimen de la Commonwealth evolucionó hacia una dictadura personal tras la disolución del Rump Parliament en 1653 y la instauración del Protectorado bajo la figura de Oliver Cromwell como Lord Protector. Aunque Cromwell rechazó el título de rey, su poder fue en la práctica absoluto, respaldado por la militarización del país y la represión de los grupos radicales como los diggers o los cuáqueros que cuestionaban la propiedad privada y la jerarquía. No obstante, su gobierno fue enormemente positivo para el desarrollo económico de Inglaterra, implementando políticas mercantilistas que favorecieron a la burguesía y a la gentry. Se suprimieron derechos feudales, se impulsaron los enclosures y se unificó la legislación interna, facilitando la inversión de capital en la agricultura y la manufactura.   

La política exterior de Cromwell fue agresiva y exitosa, centrada en desafiar la hegemonía comercial neerlandesa. El Acta de Navegación de 1651, que reservaba el comercio con los puertos ingleses a barcos nacionales, provocó la primera guerra anglo-neerlandesa, de la cual Inglaterra salió fortalecida, consolidando su participación en el tráfico de esclavos y en el comercio colonial de tabaco y azúcar. La expansión se extendió al imperio español con la conquista de Jamaica en 1655 y la toma de Dunkerque, consolidando el dominio marítimo británico. Internamente, el rigor puritano marcó la vida pública con el cierre de teatros y la prohibición de diversiones tradicionales, aunque paradójicamente se produjo una disminución de la censura intelectual y una proliferación de ideas políticas nuevas reflejadas en las obras de Hobbes, Milton o Harrington.   

La muerte de Cromwell en 1658 dejó un vacío de poder que su hijo Richard fue incapaz de llenar. Las tensiones entre el ejército y los restos del Parlamento abrieron el camino a la Restauración monárquica como único medio para evitar el caos y el radicalismo social. En 1660, Carlos II regresó a Inglaterra tras firmar la Declaración de Breda, comprometiéndose a gobernar con el Parlamento y a respetar la common law. Sin embargo, la Restauración no supuso una vuelta íntegra al pasado; aunque desaparecieron las restricciones a la nobleza y la Iglesia anglicana volvió a ser la oficial, el monarca heredó un estado más eficiente y una nación que no estaba dispuesta a renunciar a las libertades conquistadas durante la revolución.   

El reinado de Carlos II (1660-1685) estuvo marcado por la consolidación de las dos tendencias políticas fundamentales: los tories, defensores de la autoridad real y la aristocracia, y los whigs, contrarios al absolutismo y defensores de los derechos parlamentarios. A pesar de los avances en libertades individuales, como la ley del Habeas corpus de 1679 que prohibía los arrestos arbitrarios, el monarca mantuvo una política exterior dependiente de los subsidios de Luis XIV de Francia, lo que alimentó las sospechas de una agenda criptocatólica. La crisis de la exclusión, motivada por el intento de los whigs de apartar de la sucesión al hermano católico del rey, el duque de York, exacerbó la histeria anticatólica reflejada en episodios como el Popish Plot.   

InstituciónSituación bajo CromwellSituación bajo la Restauración
ParlamentoDisuelto frecuentemente; Barebone/Rump.Restaurado; Parlamento Cavalier.
IglesiaTolerancia protestante; puritanismo rígido.Anglicanismo oficial; Código Clarendon.
ComercioActas de Navegación; expansión colonial.Continuidad de las Actas de Navegación.
SociedadSupresión de rangos; militarización.Vuelta de la Cámara de los Lores.
Política ExteriorGuerra contra España y Holanda.Alianza con Portugal; dependencia de Francia.

Jacobo II accedió al trono en 1685 con una agenda claramente absolutista y católica, desafiando los Test Acts que impedían a los católicos el acceso a cargos públicos. Su política de modernización del estado, inspirada en el modelo de centralización burocrática francés, y el mantenimiento de un ejército numeroso provocaron el rechazo tanto de whigs como de tories. El nacimiento de un heredero varón católico en 1688, que desplazaba a sus hijas protestantes María y Ana, fue el detonante de la Revolución Gloriosa. Los líderes políticos llamaron al estatúder de Holanda, Guillermo de Orange, quien desembarcó en Inglaterra en noviembre de 1688, forzando la huida de Jacobo II a Francia sin necesidad de una guerra civil abierta en suelo inglés.   

La coronación de Guillermo III y María II en 1689 marcó el triunfo definitivo del parlamentarismo sobre el absolutismo. Los nuevos monarcas hubieron de firmar el Bill of Rights, una declaración de derechos que establecía el sometimiento de la Corona a la voluntad de la nación expresada en el Parlamento. Este documento reafirmaba el Habeas corpus, garantizaba la libertad de prensa, el carácter no permanente del ejército y el control parlamentario sobre todos los impuestos. El sistema de monarquía limitada resultante permitió una estabilidad política sin parangón, facilitando que Inglaterra se centrara en la competencia económica y militar a escala global. El Toleration Act de 1689 puso fin a las persecuciones de los disidentes protestantes, permitiendo que estos sectores se dedicaran plenamente a la actividad mercantil e industrial.   

La Revolución Gloriosa ha sido reinterpretada por historiadores como Steve Pincus como la primera revolución moderna, no por ser pacífica —pues en Escocia e Irlanda fue contestada violentamente— sino por representar un choque entre dos visiones de modernización: la absolutista católica de Jacobo II y la parlamentaria mercantilista de Guillermo de Orange. Esta transformación política vino acompañada de una auténtica revolución financiera con la creación del Banco de Inglaterra en 1694. Esta institución permitió que el estado británico financiara sus guerras mediante la gestión de una deuda pública a largo plazo, generando un clima de confianza entre el gobierno y los contribuyentes que no existía en las monarquías absolutas continentales.   

La capacidad de la Corona para adquirir un compromiso creíble en la protección de los derechos de propiedad y el cumplimiento de sus contratos financieros fue, según Douglass North y Barry Weingast, el factor clave que permitió a Inglaterra superar a sus rivales y convertirse en la potencia hegemónica del siglo XVIII. El control parlamentario de la hacienda pública redujo las primas de riesgo de la deuda soberana y movilizó los recursos del país de manera mucho más eficiente que el modelo centralista francés. Esta simbiosis entre la iniciativa privada, la burguesía comercial y un estado fiscal-militar robusto sentó las bases para la futura Revolución Industrial.   

Avance InstitucionalAñoImpacto en la Potencia Británica
Bill of Rights1689Estabilidad política y fin de la arbitrariedad real.
Toleration Act1689Integración de las clases medias disidentes.
Banco de Inglaterra1694Acceso a crédito masivo para la guerra y el comercio.
Sinking FundSiglo XVIIIGestión profesional de la deuda nacional.
Act of Settlement1701Garantía de sucesión protestante y estabilidad dinástica.

A largo plazo, el proceso revolucionario inglés del siglo XVII transformó una Gran Bretaña inestable y marginal en el estado más poderoso del planeta. La consolidación de la soberanía parlamentaria y el respeto a la ley tradicional permitieron un crecimiento económico autosostenido que, sumado a la superioridad técnica y naval, colocó a Inglaterra como el taller del mundo en la centuria posterior. La experiencia de las revoluciones inglesas demuestra que la modernización de las estructuras políticas fue el requisito indispensable para el despegue económico, evidenciando que la libertad política y el desarrollo del capitalismo fueron procesos coevolutivos que definieron la identidad de la Gran Bretaña moderna.   

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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