Evolución y Transformación de las Sociedades Coloniales en América, Siglos XVII y XVIII

La configuración del espacio americano durante los siglos XVII y XVIII representa uno de los procesos de metamorfosis geopolítica, social y cultural más profundos de la historia moderna, marcando el tránsito de una hegemonía ibérica incontestada hacia la consolidación de una América europea multi-polar. Este fenómeno se encuentra fundamentado en la salvaguarda jurídica proporcionada por las bulas alejandrinas y las cláusulas del Tratado de Tordesillas, instrumentos que pretendían delimitar las esferas de influencia de España y Portugal en el Nuevo Mundo. Sin embargo, la estricta interpretación de las distancias marcadas en estos documentos, sumada al azar de las corrientes marítimas, permitió que Portugal asegurara su presencia en la punta oriental del continente, dando origen a la colonización de Brasil. Simultáneamente, el surgimiento de nuevas potencias como Inglaterra, Holanda, Francia y Dinamarca, que negaron sistemáticamente el reconocimiento a los derechos exclusivos hispanos, desencadenó una serie de expediciones destinadas a la exploración y el asentamiento en territorios septentrionales y caribeños que no habían sido ocupados efectivamente por la corona española. Este escenario de hostigamiento constante y competencia imperial transformó el Caribe en el epicentro de una política de desgaste contra las posesiones hispanas, forzando a la América ibérica a coexistir con enclaves europeos que redefinirían la estructura económica del hemisferio.

El proceso fundacional de la América lusa se remonta al 22 de abril de 1500, cuando la flota de Pedro Álvares Cabral, compuesta por trece naves y enviada por Manuel el Afortunado tras el retorno de Vasco da Gama, arribó a las costas brasileñas tras desviarse de su ruta hacia la India.1 Aunque Vicente Yáñez Pinzón había alcanzado estas costas meses antes, la ubicación geográfica de las tierras dentro de las 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde legitimó la reclamación portuguesa.

 La explotación inicial del territorio fue pausada, centrándose en el palo brasil, cuya médula roja era codiciada como tinte y su madera valorada en la construcción naval y ebanistería.1 La baja densidad de la población indígena tupi-guaraní en la costa permitió que Brasil se desarrollara como una colonia de poblamiento, articulándose en torno a ciudades pioneras como Recife, Olinda y San Salvador de Bahía, esta última nombrada capital en 1548 bajo el mandato del primer gobernador general, Tomé de Souza.1

CiudadAño de Fundación / HitoSignificado Histórico
Recife1526Originalmente Pernambuco; capital del Brasil holandés en 1630.
Olinda1535Primera capital de la capitanía de Pernambuco.
San Salvador de Bahía1549Capital original de la colonia y sede del primer obispado (1553).
São Paulo1554Fundada por jesuitas liderados por Manuel da Nóbrega.
Río de Janeiro1567Sustituyó a Bahía como capital definitiva en 1763.

A medida que el siglo XVI cedía paso al XVII, Brasil se consolidó a través del sistema de capitanes donatarios y el despegue de la agricultura de plantación, inaugurando el ciclo del azúcar que dominaría la economía colonial durante toda la centuria siguiente.Este modelo productivo, basado en el engenho y la mano de obra esclava africana, polarizó la sociedad en torno a la casa grande de los propietarios y la senzala de los cautivos.1 Para 1650, se estima que el número de individuos africanos transportados forzosamente ascendía ya a 300,000, alimentando un sistema de comercio triangular que vinculaba a Europa, África y América en una red de dependencia mutua y explotación humana. Mientras tanto, en las regiones septentrionales, la búsqueda del paso del Noroeste se convirtió en la principal motivación de ingleses y franceses, quienes pretendían hallar una ruta hacia Asia a través de las latitudes polares. Las expediciones de Giovanni y Sebastiano Caboto en 1497 abrieron el camino hacia Terranova y Acadia, seguidas por los viajes de Jacques Cartier, quien exploró el río San Lorenzo hasta el actual Montreal entre 1534 y 1541.1 A finales del siglo XVI, marinos como Martin Frobisher, John Davis y Henry Hudson perfilaron la geografía de la península del Labrador y la bahía de Hudson, demostrando la inexistencia del paso pero sentando las bases para el lucrativo comercio de pieles.

En el Pacífico Norte, la exploración también fue intensa, impulsada inicialmente por Hernán Cortés desde Nueva España. Expediciones como las de Francisco de Ulloa y Juan Rodríguez Cabrillo reconocieron las costas de California, mientras que en el siglo XVII, Sebastián Vizcaíno levantó mapas detallados desde Acapulco hasta Oregón, fijando la toponimia de lugares como Monterrey y el cabo Mendocino.Este esfuerzo exploratorio fue acompañado por un aumento de la actividad depredadora de corsarios y piratas en las rutas del metal peruano. Francis Drake, tras desembarcar en el istmo de Panamá en 1572, completó la segunda vuelta al mundo en 1580, acumulando tesoros tras saquear el Callao y atacar la flotilla de la plata.1 La respuesta española, que incluyó el desastre de la Armada Invencible en 1588, no logró frenar la incursión de marinos como Henry Morgan, quien a pesar de violar tratados de paz con el saqueo de Panamá, fue nombrado caballero por la corona inglesa. La piratería en el siglo XVII se fragmentó en una multitud de acciones protagonizadas por bucaneros y filibusteros instalados en las Antillas, cuya forma de vida fuera de la ley solo declinaría en el siglo siguiente ante el desarrollo económico formal de la región.

Las primeras tentativas de colonización inglesa en el continente fueron azarosas, destacando el fracaso de Walter Raleigh en la isla de Roanoke (1587-1590), conocida como la «colonia perdida».1 Sin embargo, el siglo XVII trajo consigo asentamientos permanentes bajo tres modelos diferenciados. El primer núcleo se consolidó en Virginia con la fundación de Jamestown en 1608, evolucionando hacia una sociedad de grandes plantadores anglicanos dedicados al tabaco y el trigo.1 Cerca de allí, Maryland nació en 1632 como una colonia católica con estructuras similares, mientras que Carolina (fundada en 1663) se especializó en el añil y el arroz bajo un sistema esclavista.1 El segundo núcleo, en el norte, fue establecido por los «Pilgrim Fathers» del Mayflower en 1620, puritanos que huían de la persecución religiosa y que fundaron comunidades congregacionales independientes en Massachusetts.1 Este conjunto, conocido como Nueva Inglaterra, desarrolló una economía europea diversificada de agricultura, pesca, pieles y construcción naval, dominada por una burguesía comercial puritana que fundó la Universidad de Harvard en 1636 para la formación de sus cuadros dirigentes.1 El tercer bloque colonial surgió de la ocupación de establecimientos holandeses (Nueva Ámsterdam, convertida en Nueva York tras el Tratado de Breda en 1667) y la fundación de Pennsylvania por William Penn, refugio de cuáqueros que prosperó rápidamente en torno a Filadelfia.1

Zona de InfluenciaPotencia ColonialCiudades/Enclaves ClaveActividad Económica Dominante
San Lorenzo / MississippiFranciaQuebec, Montreal, Nueva OrleansPieles, Pesca, Agricultura
Costa Atlántica NorteInglaterraBoston, Filadelfia, Nueva YorkComercio, Construcción Naval
Costa Atlántica SurInglaterraJamestown, CharlestonTabaco, Arroz, Añil
Brasil NordestePortugal / HolandaRecife, BahíaAzúcar (Engenhos)
AntillasMulti-europeaSaint-Domingue, Jamaica, BarbadosAzúcar, Café, Trata de esclavos

Francia, por su parte, inició la colonización del Canadá con Samuel Champlain y la fundación de Quebec en 1608, expandiéndose por el valle del Mississippi hasta la Luisiana, bautizada así en 1682 por René Robert Cavelier de La Salle.1 El Canadá francés se organizó como una provincia dotada de gobernador general, intendente y consejo, mientras los colonos trataban de reducir a los iroqueses con la ayuda de hurones y algonquinos.1 Paralelamente, Francia se instaló en las Antillas (Guadalupe, Martinica y la parte occidental de Santo Domingo), convirtiéndolas en emporios azucareros bajo la dirección de la Compagnie des Indes Occidentales.1 Estas «islas del azúcar» se volvieron extremadamente rentables gracias a la mano de obra africana, que a finales del siglo XVII sumaba 50,000 esclavos frente a 15,000 colonos franceses.La rivalidad con Inglaterra fue constante, especialmente por el control de Jamaica, que tras ser ocupada por los ingleses en 1655 se convirtió en el centro azucarero más rico de la región.

La implantación holandesa fue la más inestable pero tecnológicamente avanzada, centrada en la Compañía de las Indias Occidentales (WIC). Tras el fracaso del Brasil holandés (1630-1654), donde Mauricio de Nassau fomentó las artes y las ciencias, los neerlandeses se retiraron a las Antillas menores (Curaçao, Aruba, Bonaire) y a la Guayana (Surinam), dedicándose intensamente al contrabando y al comercio triangular.Surinam destacó por su colonización original, donde empresarios hebreos y colonos expulsados de Brasil convivían con una mayoría de esclavos africanos que protagonizaron frecuentes revueltas. La América danesa, por su parte, se limitó a tres de las islas Vírgenes, administradas directamente por la corona desde 1754 y dedicadas a la plantación hasta su decadencia tras la abolición de la esclavitud en 1848.

El siglo XVIII trajo consigo un cambio de paradigma con la llegada de la dinastía Borbón al trono español, lo que desencadenó un proceso de reformas estructurales destinadas a recuperar el control sobre las colonias y aumentar el flujo de riquezas hacia la metrópoli.1 Bajo el impulso de ministros como José de Gálvez, se crearon los virreinatos de Nueva Granada (1739) y del Río de la Plata (1776), se implantó el sistema de intendencias para racionalizar la administración y se erigieron nuevas audiencias en Caracas, Buenos Aires y Cuzco. La defensa del imperio fue priorizada ante la amenaza británica, creándose un ejército regular y una red de fortificaciones, además de instituciones como la Comandancia General de las Provincias Internas para proteger la frontera norte. En el plano económico, la reforma culminó con el decreto de Libre Comercio de 1778, que puso fin al monopolio de Cádiz y permitió la apertura de numerosos puertos, dinamizando los intercambios aunque generando tensiones con las élites mercantiles tradicionales.

La minería de la plata en México alcanzó su apogeo tecnológico y productivo gracias a la creación de la Escuela de Minería en 1772 y al apoyo de un empresariado minero fortalecido por las nuevas ordenanzas.Sin embargo, el regalismo borbónico, que buscaba subordinar la Iglesia al Estado, provocó la traumática expulsión de los jesuitas en 1767, dejando un vacío educativo y misional profundo, especialmente en las reducciones de Paraguay. La Ilustración hispanoamericana, alentada por las autoridades, se manifestó en la creación de Academias, Sociedades Económicas de Amigos del País y Jardines Botánicos, que sirvieron de marco para el desarrollo de una ciencia criolla independiente. Expediciones científicas como las de Mutis o Malaspina no solo recolectaron datos botánicos y astronómicos, sino que fomentaron un sentimiento de orgullo americano que se reflejó en la literatura y la prensa de la época.

El sentimiento de criollismo se intensificó en el siglo XVIII a través de la captación apasionada de la naturaleza y la historia del Nuevo Mundo. Obras como la Storia antica del Messico de Francisco Xavier Clavijero o el Lazarillo de ciegos caminantes de Concolorcorvo denotan una intención testimonial y reivindicativa frente a las críticas europeas. En Brasil, el siglo XVIII fue el ciclo del oro, con el descubrimiento de minas en Minas Gerais y el auge de ciudades como Ouro Preto, donde el barroco alcanzó su máxima expresión en la obra del Aleijadinho. Este desarrollo artístico y económico fue acompañado por la aparición de las primeras obras de economía política y cenáculos literarios, aunque la falta de imprentas y universidades obligaba a los intelectuales brasileños a mirar constantemente hacia Coimbra.

La independencia de las Trece Colonias (1776-1783) marcó un hito irreversible en la historia del continente. El conflicto, originado por la imposición de tasas parlamentarias sin representación (Sugar Act, Stamp Act, Tea Act), culminó en una ruptura que fue apoyada militar y financieramente por Francia y España para debilitar a Gran Bretaña. La victoria insurgente en Saratoga y Yorktown, ratificada por el Tratado de Versalles en 1783, no solo dio origen a los Estados Unidos bajo un régimen liberal y republicano, sino que sirvió de modelo para las élites criollas del resto del continente que ya empezaban a cuestionar el pacto colonial. En Saint-Domingue, la influencia de la Revolución Francesa desencadenó la insurrección liderada por Toussaint Louverture, que culminaría en la independencia de Haití en 1804, la primera república negra del mundo.

A finales del siglo XVIII, la América española era un mosaico de tensiones y esperanzas. Mientras la administración borbónica lograba recaudaciones récord y embellecía las capitales virreinales con obras neoclásicas dirigidas por arquitectos como Manuel Tolsá, en los estratos profundos de la sociedad se gestaba la insurgencia.La crisis de la monarquía española en 1808 sería la señal definitiva para que la generación de ilustrados criollos, junto con figuras radicales como Bolívar o Iturbide, emprendiera el camino hacia la emancipación definitiva. La transición de la América europea a la América independiente no fue solo un cambio de gobernantes, sino la culminación de dos siglos de síntesis cultural, desarrollo económico y la formación de una identidad propia que ya no cabía en los moldes de las metrópolis del Viejo Mundo.

Institución IlustradaAño de Hito ImportanteCiudad / RegiónFunción Principal
Universidad de San Felipe1738Santiago de ChileEducación Superior y formación de élites.
Academia de San Carlos1781MéxicoNormativización de las Bellas Artes (Neoclasicismo).
Soc. Económica de Manila1781Filipinas (Adm. Americana)Fomento de la agricultura y el comercio.
Escuela de Minería1772MéxicoInnovación técnica y formación de ingenieros.
Colegio de San Fernando1808LimaModernización de los estudios de Medicina.

El legado artístico de estos siglos es incalculable, transitando desde un barroco exuberante y mestizo —visible en las iglesias de Querétaro, Guanajuato, Lima y Bahía— hasta un neoclasicismo academicista que triunfaría plenamente tras las independencias.La música, también de raíz barroca, floreció en las capillas de las catedrales con compositores como Manuel de Zumaya en México o Domenico Zipoli en las misiones jesuíticas, quienes crearon una tradición sacra y profana que integraba elementos indígenas y africanos. Este florecimiento cultural fue el reflejo de una sociedad que, a pesar de las desigualdades de castas y la brutalidad de la esclavitud, logró generar expresiones de belleza y pensamiento que hoy constituyen la base de la identidad latinoamericana.

En conclusión, los siglos XVII y XVIII representaron para América una era de consolidación imperial y de germinación revolucionaria. El control absoluto que España y Portugal pretendieron ejercer a través de la burocracia y la fe fue erosionado por la competencia internacional, el contrabando y, sobre todo, por el ascenso de una clase criolla que, educada en los principios de la Ilustración, terminó por reclamar el derecho a dirigir su propio destino.1 El mapa del continente, que en 1600 era un bosquejo de pretensiones ibéricas, en 1800 se había transformado en un complejo tablero geopolítico donde la semilla de la independencia ya había dado sus primeros frutos en el norte y se preparaba para florecer en el sur, clausurando definitivamente la etapa de la América como mera prolongación de Europa.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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