Hallan en Abla, Almería, en una necrópolis megalítica de 4800 años con restos de 21 individuos

Sorprendente hallazgo en Almería: la cremación se practicaba en la Edad del Cobre milenio y medio antes de las primeras evidencias de esta práctica

Un equipo de la Universidad de Granada halla en la necrópolis megalítica de Los Milanes, en Abla, una tumba con los restos de 21 individuos incinerados hace 4800 años, adelantando en un milenio y medio la aparición de esta práctica funeraria y revelando una complejidad cultural inédita para la época.

La historia de los ritos funerarios en la Prehistoria de la Península Ibérica acaba de ser reescrita  tras el análisis de los hallazgos en la necrópolis megalítica de Los Milanes, en el municipio almeriense de Abla. Una investigación arqueológica dirigida por la Universidad de Granada (UGR) ha demostrado que la práctica de la cremación como ritual mortuorio se inició hace 4800 años, durante la Edad del Cobre, lo que supone que este procedimiento se adelanta en aproximadamente mil quinientos años a lo que hasta ahora establecía la evidencia científica disponible.

Este descubrimiento desplaza significativamente la línea temporal aceptada y fuerza una reevaluación profunda de las prácticas culturales y la complejidad social de las comunidades humanas del III milenio antes de nuestra era, para las que se presumía la inhumación como método funerario casi exclusivo.

Los resultados, obtenidos tras las campañas de excavación realizadas entre 2023 y 2025 por el grupo de investigación GEA. Cultura material e identidad social en la Prehistoria Reciente en el sur de la Península Ibérica de la UGR, se centran en el examen minucioso de una de las dieciocho sepulturas megalíticas identificadas en el enclave, estructuras funerarias colectivas con cámaras de planta circular u ovalada. Fue en el transcurso de los trabajos de 2023 cuando los arqueólogos se percataron de la naturaleza excepcional del hallazgo en una de estas tumbas: su cámara funeraria no contenía esqueletos inhumados, sino que estaba compuesta exclusivamente por una capa de restos óseos humanos que habían sido sometidos al fuego.

La investigadora de la UGR Paula Becerra subraya la singularidad del descubrimiento, que ha requerido una metodología analítica específica y extremadamente detallada. El estudio antropológico posterior, de una minuciosidad sin precedentes para un contexto de estas características, ha logrado individualizar un total de 28.740 fragmentos óseos y 1.209 restos dentales, un rompecabezas anatómico que ha permitido establecer la presencia de, como mínimo, veintiún individuos de ambos sexos y de todas las franjas de edad, desde infantes hasta adultos.

La apariencia física de los restos ofrece un relato elocuente de la intensidad del proceso al que fueron sometidos. La colección ósea se encuentra altamente fragmentada, con una inmensa mayoría de las piezas sin superar los dos centímetros de longitud, y presenta una amplia gama de coloraciones que oscilan entre el marrón, el negro, el gris, el azul y el blanco.

Esta variación cromática no es aleatoria, sino que constituye un indicador directo de las diferentes condiciones de combustión. Los patrones de fractura observados y los cambios morfológicos en la estructura de los huesos, como la contracción y la curvatura, enfatizan que la exposición al calor superó de manera constante los 650 grados centígrados, temperatura necesaria para reducir el cuerpo humano a ese estado.

Uno de los aspectos más reveladores del análisis es la asimetría en la exposición al fuego entre los lados izquierdo y derecho de los cuerpos. La evidencia muestra que el calor afectó en mayor medida al lado izquierdo, un dato que los científicos interpretan como una prueba incontrovertible de una colocación deliberada y premeditada del cadáver sobre la pira funeraria. Esta posición no casual sugiere la existencia de un protocolo establecido, un ritual con pasos definidos que trasciende la mera quema accidental o funcional, apuntando hacia una sofisticación simbólica en el tratamiento de la muerte.

El relato químico extraído de los fragmentos complementa y corrobora la lectura morfológica. Los análisis practicados denotan variaciones significativas en las condiciones de la cremación, con fluctuaciones en la temperatura máxima alcanzada, en la presencia de oxígeno durante la combustión y en el tiempo de exposición a las llamas. La identificación de compuestos químicos como la cianamida en la superficie de los huesos aporta una pista material crucial, ya que esta sustancia se relaciona directamente con la combustión de cuerpos que fueron cubiertos con algún tipo de sudario o tejido orgánico, otro elemento ritual que hasta ahora se consideraba muy posterior.

La conjunción de todas estas evidencias —la selección de los cuerpos, su colocación en la pira, el uso de telas, la recogida meticulosa de los restos calcinados y su traslado final al monumento megalítico— describe una práctica funeraria compleja y plenamente consolidada. El proceso debía ejecutarse en un corto espacio de tiempo tras el fallecimiento, y los restos resultantes eran después depositados de forma colectiva en el interior de la cámara funeraria, que funcionó como panteón para estas cenizas durante un periodo no superior a doscientos años, abarcando varias generaciones.

La datación absoluta mediante radiocarbono (C14) aplicada a los restos ha sido la clave para anclar cronológicamente este hallazgo. Los resultados sitúan la fecha de la muerte de estos individuos hace 4800 años, en plena Edad del Cobre. Este dato es el que fuerza la revisión de los manuales de prehistoria, ya que demuestra de manera irrefutable que la inhumación no fue el único ritual empleado en ese periodo. Por el contrario, convivió con la cremación, una práctica que hasta este momento se vinculaba casi en exclusiva a periodos muy avanzados de la Edad del Bronce, con una difusión masiva ya en la Edad del Hierro.

El descubrimiento en Los Milales añade antigüedad a la cremación y revela una capa de complejidad social y cultural hasta ahora inadvertida para las sociedades coetáneas de la edad del Cobre en el sudeste peninsular. La gestión de la muerte, con la coexistencia de al menos dos rituales muy distintos, implica la existencia de creencias diversificadas, posiblemente de distinciones sociales o de diferentes concepciones sobre la trascendencia y el tratamiento del cuerpo, evidenciando unas comunidades mucho más dinámicas y menos homogéneas de lo que se había supuesto.

Universidad de Granada

Becerra Fuello P, Aranda Jiménez G, Vílchez Suárez M, Robles Carrasco S, Milesi García L, Bonilla MD-Z, et al. (2025) Funerary practices of cremation at the megalithic societies of South-Eastern Iberia: The cemetery of Los Milanes. PLoS One 20(9): e0330771. doi.org/10.1371/journal.pone.0330771

La Brujula Verde

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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