Un equipo de investigadores ha logrado, por primera vez, atrapar esas esencias y descifrar su valor cultural en el contexto de la diáspora fenicia, revelando que el aroma fue un potente instrumento de conexión identitaria para quienes navegaron lejos de su hogar.
El estudio, publicado en el Journal of Archaeological Method and Theory, ha sido liderado por expertos de la Universidad de Tubinga y la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con instituciones de Italia y el Reino Unido, y se ha centrado en el análisis exhaustivo de 51 pequeños frascos de cerámica recuperados en el asentamiento fenicio de Motya, una isla situada en la costa occidental de Sicilia que fue un enclave comercial crucial.

Estos recipientes, de una apariencia sencilla y una altura modesta que oscila entre los 15,5 y los 18,5 centímetros, datan de entre los siglos VIII y VI a.C. y suelen aparecer en contextos funerarios, domésticos y áreas sacras, además de estar distribuidos de forma extraordinariamente amplia por todo el Mediterráneo y más allá, una dispersión que ya sugería su importancia y sus múltiples usos.

Explicó el Dr. Adriano Orsingher, del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid y actualmente investigador honorario en el Instituto de Arqueología Bíblica de la Universidad de Tubinga, quien ha codirigido la investigación junto a la Dra. Silvia Amicone, del grupo de investigación de Arqueometría de la universidad alemana:
Su amplia distribución en y más allá del Mediterráneo sugiere que estos recipientes cumplían diversas funciones
La clave del hallazgo reside en la aplicación de una metodología interdisciplinar que combinó el estudio de la composición de la arcilla de los frascos para determinar su procedencia con el minucioso análisis de los residuos orgánicos que, de forma casi milagrosa, se habían conservado en el interior de las paredes cerámicas durante milenios. Los resultados de estos análisis técnicos han sido reveladores: la pasta cerámica señala un origen inequívoco en el sur de Fenicia, concretamente en un territorio comprendido entre la actual Beirut y la región del Carmelo.
Aún más interesante fue lo que encontraron dentro. En ocho de los cincuenta y un recipientes estudiados, los investigadores detectaron residuos de lípidos de origen vegetal, así como trazas químicas inequívocas de resina de pino y de lentisco o mástique. Estos compuestos son indicadores robustos de la presencia de preparados de aceites aromáticos, confirmando la hipótesis de su función primaria.
Dice la Dra. Amicone:
Nuestra investigación confirma que estos recipientes cerámicos se utilizaron para transportar aceites aromáticos.
Pero el estudio va mucho más allá de la mera identificación de una sustancia. En un mundo, el del Mediterráneo de la Edad del Hierro, caracterizado por una movilidad intensa, el comercio a larga distancia y un constante entrelazamiento cultural, los fenicios se erigieron como los principales agentes de esta conectividad.
Eminentes navegantes, comerciantes, artesanos y migrantes, fundaron colonias y factorías muy lejos de su Levante natal. Y en este proceso de expansión y asentamiento en tierras extrañas, elementos aparentemente mundanos como estos frascos de perfume adquirieron una dimensión cultural profundamente emotiva.
Añadió el Dr. Orsingher:
Estos aceites eran más que simples commodities. Funcionaban como conectores culturales, como expresiones de identidad que acompañaban a los migrantes fenicios a través del Mediterráneo. Llevando consigo los aromas del hogar, servían como instrumentos de memoria y reforzaban prácticas compartidas y experiencias olfativas entre comunidades dispersas.
El aroma contenido en esos pequeños frascos se convertía así en un poderoso ancla sensorial, un vínculo invisible pero omnipresente con el paisaje, la vegetación y las prácticas rituales de la patria lejana, ayudando a cohesionar a grupos humanos en territorios nuevos y potencialmente hostiles.
Este descubrimiento obliga a una reconsideración más amplia de cómo se experimentaban conceptos como la migración, el comercio y la pertenencia cultural en el mundo antiguo, invitándonos a imaginar una historia no solo de objetos y personas, sino de sensaciones y recuerdos impregnados en el olfato.
Argumentó Orsingher:
Debemos repensar la movilidad antigua, no solo como el movimiento de personas y bienes, sino como la circulación de olores, memorias y tradiciones sensoriales. El olfato está íntimamente ligado a la identidad. Como tal, juega un papel crucial, aunque a menudo pasado por alto, en los procesos de migración, asentamiento e intercambio cultural.
Dra. Amicone.
La investigación, por tanto, trasciende lo puramente arqueológico para adentrarse en los terrenos de la antropología de los sentidos y la historia cultural, subrayando el potencial de las ciencias interdisciplinares para desbloquear las dimensiones más elusivas de la antigüedad. Nuestro trabajo destaca el potencial de la ciencia interdisciplinaria para desbloquear las dimensiones intangibles de la antigüedad,.
Dr. Orsingher:
Al estudiar qué contenían estos recipientes y cómo se usaban, obtenemos información única sobre cómo los olores conectaban vidas, paisajes e identidades en el antiguo Mediterráneo
La profesora Karla Pollmann la presidenta de la Universidad de Tubinga:
Los enfoques de investigación innovadores continúan descubriendo ideas sorprendentes sobre el pasado. Este estudio muestra cómo incluso rastros elusivos como los aromas antiguos pueden hacerse accesibles mediante métodos interdisciplinarios, abriendo nuevas ventanas a los mundos sensoriales y culturales de la antigüedad.
El mapa de distribución de estos frascos, que se extiende desde el Levante hasta el Atlántico, ya no se lee solo como una carta de rutas comerciales, sino como la cartografía sentimental de un pueblo que llevaba consigo, en pequeñas vasijas de barro, la esencia misma de su hogar.
Eberhard Karls Universität Tübingen
Orsingher, A., Solard, B., Bertelli, I. et al. Scents of Home: Phoenician Oil Bottles from Motya. J Archaeol Method Theory 32, 59 (2025). doi.org/10.1007/s10816-025-09719-3
La Brujula Verde
