En el yacimiento de Cerro de San Vicente (Salamanca), un equipo de arqueólogos ha revelado detalles sobre cómo sus habitantes quemaban y rellenaban la vivienda antes de reconstruirla. El estudio, publicado en el Journal of Anthropological Archaeology, combina técnicas avanzadas para desentrañar si el incendio fue accidental, un acto de violencia o parte de un ritual de renovación.

A) Localización geográfica del Cerro de San Vicente en la Meseta Central Ibérica. B) Vista aérea del yacimiento, situado junto al río Tormes, con la zona objeto de este estudio resaltada en rojo. C) Vista en planta del sector de 400 m2 excavado entre 2006 y 2022, mostrando los restos de viviendas de tierra excavados hasta la fecha, incluyendo casas redondas, edificios rectangulares y estructuras auxiliares más pequeñas. Crédito: L. Tomé et al. / Fotogrametría de A. Martín Esquivel y L. Chapon
La vivienda, denominada Casa 1, pertenecía a un poblado de la Edad del Hierro (entre el 900 y el 400 a.C.). Los investigadores descubrieron que su interior quedó cubierto por una capa de cenizas de hasta 4 cm de grosor, con restos de carbón, herramientas de hierro y fragmentos de cerámica quemada. Los análisis confirmaron que el fuego alcanzó temperaturas de hasta 700 °C, suficiente para derrumbar el techo, enrojecer las paredes de adobe y fundir parcialmente el suelo de arcilla.

Fotografías que documentan la excavación de la Casa 1 durante la temporada de campo 2021. A) Vista de campo de SU 140, una capa de ceniza de madera y material vegetal carbonizado. B) Primer plano de SU 140. Nótese la presencia de cerámica fisurada y fragmentos de piedra, situados cerca del hogar central de arcilla. C) Vista de campo de la excavación de la SU 137, caracterizada por abundantes ladrillos de barro de varios tamaños, colores y estados de carbonización. Por encima de la SU 137, las SUs 136 y 101, que también forman parte del relleno de adobe, están representadas en el perfil estratigráfico. D) Vista detallada de la SU 137, mostrando fragmentos de pizarra y cerámica fisurada intercalados entre los adobes. Crédito: L. Tomé et al.
Señala el estudio:
El incendio fue tan intenso que la casa actuó como un horno.
Poco después, sus habitantes rellenaron la casa con capas de adobes quemados y ceniza, apilados metódicamente hasta elevar el suelo unos 60 cm. Algunos de estos adobes procedían de las propias paredes de la casa, mientras que otros podrían haber sido traídos de otras construcciones del poblado.
Los investigadores barajan varias hipótesis acerca de las razones que pudieron llevar a quemar la vivienda. Es posible que el poblado acumulase basura y cenizas en las zonas comunes, lo que podría haber obligado a elevar las casas para mantener accesibles las entradas.
La quema y el relleno con adobes permitieron nivelar el terreno y preparar la casa para una nueva fase de construcción.
O también puede ser que, al igual que en muchas culturas antiguas, quemar una casa marcase el fin de su vida útil o de la de sus habitantes.
Podría ser un acto simbólico, como despedir una etapa y comenzar otra, sugieren. La presencia de objetos valiosos (como un cuchillo de hierro) en la capa de ceniza reforzaría esta idea.
Incluso el hecho de quemar los adobes para endurecerlos y reutilizarlos, una práctica documentada en otros yacimientos, es factible.
Era una forma de economía circular prehistórica.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó delgadas láminas del suelo al microscopio, identificando ceniza, carbón y fragmentos de adobe. Luego estudiaron cómo el calor alteró los minerales magnéticos de los adobes, confirmando las altas temperaturas. Y finalmente mapearon la disposición de los adobes y descubrieron que los más grandes se colocaron primero, cerca de la pared, lo que indicaría un trabajo organizado.
Además el carbón conservado reveló que el techo estaba hecho de pino y encina, maderas que son comunes en la zona. Y curiosamente, algunos fragmentos mostraban agujeros de insectos, indicando que la estructura ya estaba envejecida cuando ardió.
No es la única casa quemada en Cerro de San Vicente. Otras viviendas del yacimiento muestran secuencias similares: incendios seguidos de rellenos con adobes y nuevos suelos, todo lo cual apunta a una tradición arquitectónica extendida en la región del Duero durante la Edad del Hierro.
Estas casas no fueron abandonadas, sino transformadas, destaca el estudio. La quema y reconstrucción refleja una relación dinámica con el espacio habitado, donde el fuego era una herramienta más que un desastre.
El estudio concluye que el incendio de la Casa 1 fue intencional y estuvo ligado a un proceso de renovación:
la quema de la casa y su sellado con adobes fueron eventos estrechamente vinculados, realizados en rápida sucesión. Esta práctica respondía a necesidades prácticas, como elevar el nivel del suelo, pero también pudo tener un significado cultural profundo, relacionado con la continuidad de la vida doméstica.
Aunque aún quedan incógnitas —¿era un ritual? ¿una técnica constructiva?—, el hallazgo subraya que el fuego, lejos de ser solo destructivo, era una herramienta clave en la vida de estas comunidades.
Laura Tomé, Antonio Blanco-González, et al., Raised from the ashes: Geoarchaeological perspectives on house burning practices in an Iberian Iron Age village. Journal of Anthropological Archaeology, Volume 79, September 2025, 101711. doi.org/10.1016/j.jaa.2025.101711
La Brujula Verde
