Heinrich Schliemann, Arthur Evans, Hiram Bingham, Leonard Wooley o Howard Carter son algunos de los personajes que, por sus descubrimientos arqueológicos, han logrado entrar de lleno en la Historia.

Se siguen recordando sus hazañas, se les menciona en las escuelas y hasta se les dedican biografías, documentales, novelas y películas en las que se narran las vicisitudes de sus vidas.


Pero otros nombres importantes son olvidados

Tras descubrirlas en el siglo XVIII, este aragonés convencería a Carlos III, entonces rey de Nápoles, de comenzar la que sería la primera misión arqueológica de la historia

Óleo de Filippo Palizzi, pintado en 1870, muestra el trabajo de las campesinas contratadas por el rey durante las primeras excavaciones en PompeyaWikimedia Commons

Los descubrimientos en Pompeya, una de las ciudades que quedó congelada en el tiempo tras ser sepultada bajo una lluvia de sedimentos volcánicos tras la erupción del Vesubio, no dejan de sorprender a los arqueólogos.

A finales del mes de febrero, el equipo de expertos que trabaja en el yacimiento anunció el hallazgo de un extraordinario fresco dedicado al dios Dionisio en la célebre Villa de los Misterios, ubicada en la parte central de las ruinas de la antigua ciudad romana.

Pompeya – Panorama desde las murallas (1870)

Durante los últimos años se han ido recuperando estancias y objetos que narran la historia de esta urbe, la cual, al igual que su vecina Herculano, fue condenada al olvido bajo las implacables cenizas del volcán.

Tendrían que pasar más de 1.500 años para que las ruinas de estas dos ciudades fuesen devueltas a la historia gracias a un español: Roque Joaquín de Alcubierre.
Sin embargo, el rastro de las ciudades no desapareció del todo. Cerca de la desembocadura del río Sarno afloraban algunos restos de las construcciones más altas de Pompeya, aunque la gente pensaba que se trataba de Estabia, una de las ciudades menores que también fueron borradas del mapa por culpa del volcán.

Sería en esta zona, conocida como la Civita, donde el arquitecto Domenico Fontana recibió el encargo de abrir un canal para llevar las aguas del Sarno tierra adentro.

Durante los trabajos, Fontana se topó con mármoles y paredes pintadas, pero el duque del Sarno, quien había encargado las obras, ordenó ignorar el hallazgo y seguir con las obras para el canal.

No sería hasta enero de 1738 cuando Alcubierre, natural de Zaragoza e ingeniero militar, fue llamado por el futuro rey de España y en aquel entonces rey de Nápoles, Carlos III, para construir un palacio en Portici, una ciudad moderna construida sobre Herculano.

Mientras realizaban la labor de adecuación del entorno, el ingeniero militar supo de la existencia del pozo Nocerino de donde, en 1710, el príncipe D’Elbeuf había extraído las primeras esculturas procedentes de aquella ciudad durante el pasado virreinato austriaco en Nápoles. Entonces, decidió bajar al pozo:

Carlos III



Habiendo encontrado en efecto una porción de muro antiguo con revestimiento rojo, encontramos jaspes variados, trocitos de metal y otras cosas…

El aragonés presenta todos estos descubrimientos a Carlos III pidiéndole permiso para destinar las tareas de excavación a cuatro de los 700 obreros que trabajaban para el Real Sitio en Portici. Tras encontrar una escultura de mármol, que maravilló al monarca, el 13 de octubre se autorizó la excavación.

Así comenzarían los trabajos de la primera misión arqueológica de la historia, expresó Michael Longstreem, comisario de Arte Antiguo en el Metropolitan Museum de Nueva York, en declaraciones en La Vanguardia.

Es en ese momento cuando la información del pasado se antepone a los hallazgos lujosos

Aunque los trabajadores se encontraron con la dificultad de realizar un entramado de túneles entre ceniza y lava solidificada que superaba los 20 metros de espesor, lograron sacar a la luz el teatro y diversas pinturas murales de algunas viviendas.

Dice Martín Almagro Gorbea en La arqueología en la política cultural de la Corona de España en el siglo XVIII:

Las excavaciones de Herculano, al contrario de lo que manifestó Winckelmann [quien criticó el trabajo de los españoles] en sus informes, se llevaron a cabo con el mayor cuidado y con la aplicación de los mejores medios que la época ofrecía: levantamiento de diarios y plantas de los edificios, además de ensayar diversos sistemas de excavación y extracción de las piezas más delicadas y, por último, la creación de un museo específico para su conservación

En 1748 comenzaría, sin saberlo, las excavaciones de Pompeya pues creía que se trataba de Estabia, el puerto donde murió Plinio el Viejo.

Escribe el ingeniero militar en su diario. Sin saber aún de qué ciudad se trataba en realidad, en 1756 habían rescatado 800 frescos, 350 esculturas, un número indeterminado de cabezas y bustos, 1.000 vasos, 40 candelabros y más de 800 manuscritos antiguos.

Teatro de Pompeya con el Vesubio al fondo
En 2 de abril de 1748, se estableció el trabajo de una nueva excavación, pasado la Torre de la Anunciada [Torre Annunziata], en el paraje que llaman la Civita, en las inmediaciones del río Sarno.

Es en 1763 cuando descubrirían una inscripción que le permite saber que las calles que estaba pisando en realidad eran las de Pompeya.

En los siguientes años aparecieron el Gran Teatro (1764), los barracones de los gladiadores (1766), el templo de Isis (1767) y la villa de Diómedes (1771). Alcubierre fue sustituido por el italiano Francesco de la Vega, quien empezó una serie de medidas para planificar mejor las excavaciones y conservar lo que ya se había descubierto.

Es entonces cuando las maravillas de Pompeya empiezan a atraer el interés por toda Europa, devolviendo el interés por lo antiguo.

La ambición de Alcubierre no concluiría con Pompeya y siguió excavando hasta hallar los restos de Estabia, Cumas, Sorrento, Mercato di Sabato y Bosco de Tres Case.

Finalmente, el español que había sido el máximo responsable de la vuelta de un arte clásico gracias a que Europa quedó fascinada con los restos de la milenaria Pompeya, murió en Nápoles el 14 de marzo de 1780.

Asimismo, otros arqueólogos como el alemán Winckelmann, ansioso de apoderarse de la fama y los méritos de lo encontrado en Pompeya, contribuyeron a que la figura del español cayera en el olvido.
El español que redescubrió las ciudades perdidas por la erupción del Vesubio
https://theobjective.com/cultura/2023-02-25/alcubierre-libro-herculano-pompeya/
