Desvelar algunos de estos secretos es el objetivo del proyecto El oro en la Edad del Bronce: análisis de composición y procedencia de los objetos áureos de Cabezo Redondo, Tesorillo y Tesoro de Villena, financiado por la Fundación Palarq y en el que participan investigadores del Instituto de Investigación en Arqueología y Patrimonio Histórico (INAPH) de la Universidad de Alicante (Mauro S. Hernández, Virginia Barciela y Gabriel García Atiénzar), Laura Hernández, directora del Museo de Villena, y Barbara Armbruster, investigadora del CNRS francés y especialista en orfebrería prehistórica.
El proyecto pretende analizar estos dos importantes tesoros descubiertos en 1963, compuestos por piezas de oro, para aclarar si existe algún vínculo entre ambos conjuntos y entre estos y las piezas áureas del poblado de Cabezo Redondo, partiendo de la hipótesis de que las respuestas a las dudas planteadas pueden estar en el análisis de su tecnología y de su composición química.
La localidad de Villena, en Alicante, fue en 1963 el escenario de dos increíbles hallazgos. Uno de ellos es el conocido como Tesoro de Villena, un magnífico tesoro compuesto por 59 objetos de oro, plata, hierro y ámbar que pesa casi 10 kilos. Se trata de uno de los tesoros prehistóricos más importantes de la Europa occidental, equiparándose en espectacularidad a los conjuntos áureos de Troya o Micenas.
Forman parte del Tesoro de Villena 28 brazaletes de oro y uno de hierro, 11 cuencos de oro de diferente tamaño, 5 botellas, dos de oro y tres de plata, y varias piezas de pequeño tamaño elaboradas con oro, hierro y ámbar que pudieron haber formado parte de empuñaduras de espada o de un centro.
Tiene el Tesoro de Villena 28 brazaletes de oro y uno de hierro, 11 cuencos de oro de diferente tamaño, 5 botellas, dos de oro y tres de plata.
Unos meses antes había aparecido en Cabezo Redondo, un poblado de la Edad del Bronce ubicado cerca de Villena, el Tesorillo de Cabezo Redondo. Se trata de un conjunto de 35 piezas de oro, entre las que destacan un pequeño lingote y varios de elementos de adorno, como diademas, anillos, colgantes, pulseras y un fragmento de brazalete de idéntica tecnología a la observada en las piezas del Tesoro de Villena.
En las tumbas documentadas bajo los suelos de las viviendas del poblado de Cabezo Redondo, pero también en enterramientos localizados en el interior de pequeñas cuevas abiertas en el mismo cerro, se han descubierto más de una decena de piezas de oro, algunas idénticas a las del Tesorillo, lo que refuerza el vínculo entre estos conjuntos.
Desde el mismo momento su descubrimiento, el Tesoro de Villena ha estado envuelto en un sinfín de debates, que van desde el lugar de su hallazgo hasta su cronología y funcionalidad. El hecho de haber aparecido en una rambla y sin un contexto arqueológico claro, y a pesar de haber sido analizado por los mejores especialistas, como José María Soler García, su descubridor y el principal responsable de que el Tesoro se conserve hoy en el Museo de Villena, Axel Hartmann, pionero en los análisis metalográficos de piezas de oro, o Barbara Armbruster y Alicia Perea, máximas especialistas en tecnología del oro en contextos prehistóricos, hace que aún queden cuestiones por resolver.
De hecho, los investigadores se preguntan si tanto en el Tesoro de Villena como en el Tesorillo de Cabezo Redondo se empleó la misma materia prima e idéntica tecnología, cual es su procedencia y su autoría o qué relación tienen con otras piezas contemporáneas, como las pertenecientes a la cultura de El Argar.
Los investigadores se preguntan si tanto en el Tesoro de Villena como en el Tesorillo de Cabezo Redondo se empleó la misma materia prima e idéntica tecnología.
Desde las primeras observaciones realizadas por Soler ya se advirtió de la extraordinaria complejidad tecnológica que implicó la elaboración de estos conjuntos, especialmente los brazaletes del Tesoro de Villena. Pero el salto cualitativo en la comprensión de este Tesoro se produjo hace 30 años, cuando Barbara Armbruster planteó por primera vez el empleo de herramientas rotativas y de la fundición a la cera perdida para la fabricación de los brazaletes.
Dos décadas después, Virginia Barciela apreció similares rasgos tecnológicos en las piezas del Tesorillo y en los adornos áureos de Cabezo Redondo, así como el empleo de técnicas que trataban de imitar la tecnología punta desarrollada en algunas de las piezas del Tesoro, lo que implicaría la participación de orfebres locales.
Tres décadas después de aquel primer novedoso estudio, los avances técnicos y metodológicos en el campo de los análisis de composición han llevado a la implementación de un nuevo proyecto. A través de la aplicación de la espectrometría de masas de plasma acoplado inductivamente (ICP-MS), el equipo pretende caracterizar las piezas de oro de una forma hasta ahora no conocida. Esta técnica permite determinar todos sus elementos químicos, incluso aquellos que se expresan en partes por millón que son, precisamente, los que permiten conocer su procedencia.
Frente a otras técnicas, que solo permiten obtener una caracterización básica o que requieren del siempre complejo traslado de las piezas al laboratorio, la combinación de ICP-MS con la ablación láser portátil (pLA), que toma una muestra del grosor de un cabello humano, ofrece una oportunidad de conocimiento que situará los conjuntos áureos de Villena a la altura de otros tesoros analizados con estas mismas técnicas, como son los de la necrópolis calcolítica de Varna (Bulgaria), los de Troya (Turquía) o el del Carambolo (Sevilla).
La combinación de ICP-MS con la ablación láser portátil (pLA) en el estudio de los conjuntos áureos de Villena los situará a la altura de otros analizados con las mismas técnicas.
El conocimiento de la circulación de objetos y tecnologías a través de las antiguas redes de intercambio resulta esencial para la comprensión de las sociedades prehistóricas, especialmente de las que se desarrollaron durante la Edad del Bronce en Europa. En este sentido, los investigadores creen que la combinación de estudios tecnológicos y de composición, además de otras perspectivas arqueométricas y arqueológicas, permitirá obtener sólidos conocimientos sobre el contexto que rodea a estos dos importantes conjuntos de piezas de oro descubiertos en la península ibérica.
Lo que revela el estudio de los Tesoros de Villena y de Cabezo Redondo (msn.com)
