Podría ser, se me acaba de ocurrir.
La felicidad no tiene qué ser un estruendo, más bien al contrario, es silenciosa y anónima. Abomino de la falta de contención, del histrionismo, aj.
Nada más lejos de la realidad pensar que los adversarios nos hacen mejores, no se lo cree ni el que lo ha escrito, que seguro le manda sicarios a los suyos.
Si creo que la adversidad nos hace desdoblarnos y generar estrategias creativas, de hecho, las guerras mundiales supusieron un gran avance, pero a qué precio.
En mi caso adoro aburrirme, que me galanteen con donaire, quizás porque mi educación fue provinciana y decimonónica ¿pero a que cambiar?
En una época donde la inmediatez y lo efímero priman, esto es un hándicap, que digo yo, un lastre, peor.
¿Debería adaptarme como los animales del Origen de las especies de Darwin y cambiar mi comprensión del mundo para evolucionar?
¿O quizás debería ser camarona que se duerme y se la lleva la corriente?
No se.
El tiempo es mas cíclico, más de meses lunares como en África y de presente continuo, me horroriza esa progresión forzosa y codiciosa en la que se nos educa como algo irremisible. Es previsible y tiene encefalograma plano.
Nos hace autómatas, copistas sin alma.
Es un privilegio tener tiempo para mí misma, tiempo perdido, comprendo que no soy canon, pero muchos de los males de la sociedad actual es que hay una autentica obsesión por ser productivo y la gente se pierde por el camino, sin saber cuál es su misión más allá de hacer dinero.
Más vale ser camarero feliz del bar más infecto del universo que Premio Nobel desdichado.
