Hora sagrada del día, donde todo se detiene
La hora concubina de los romanos, la hora sexta, donde los sentidos se suspenden y las fieras se aparean.
Cae el estado de alerta, la guardia baja. Todo se clausura entre las dos y las cinco, los juegos infantiles paran, la ciudad muda, se calla, la tranquilidad se impone en una contención pausada.
Todos los sentidos languidecen ante el sol, la comida y el tacto en un abandono de premuerte placentera, donde la ensoñación y el desdén son protagonistas y el anhelo se apaga.
Se unen el placer sin límites a la digestión pesada de una comida copiosa en el mediodía andaluz de potaje, donde el tiempo se suspende con una cadencia languida.
Una práctica icónica, que los extranjeros asocian a una España desdeñosa ante el trabajo.
Alivia el estado de ánimo y mejora el humor.
Tradicionalmente, la jornada laboral española se dividía en dos partes. La gente trabajaba desde las 9 am hasta las 2 pm, se detenía para una pausa de almuerzo de dos horas y volvía a laborar desde las 4 pm hasta las 8 pm.
Este día inconexo se produjo porque en la España posterior a la Guerra Civil muchas personas trabajaron en dos empleos para mantener a sus familias.
La pausa de dos horas permitía a los trabajadores, especialmente a los de las zonas rurales, descansar o viajar después de terminar el primer empleo.
La siesta no esta reñida con la productividad, muy al contrario, hace que seamos mas imaginativos y si no, por lo menos mas alegre, que no es poco.
