La falta de contención

Sugerencia de escritura del día
¿Son habituales hoy en día?

Me perturba la cultura excesiva en la que vivo.

Todo son exabruptos, impaciencia y todo es excesivo.

La ordinariez como moneda de cambio, se asocia al trabajo, al nerviosismo a un liderazgo de vanidad Narcisa.

Hay un barroquismo desmesurado en las formas, hay que estar en loor de multitudes, tener cientos de amigos, ser el muerto en el entierro y el niño en el bautizo.

Cuando las periferias llegan al centro, cuando se democratiza la sociedad, me regocije y lo sigo haciendo, pero el camino de la igualdad a veces es arduo, y en ocasiones me acuerdo de Larra y también de La rebelión de las masas de Ortega.

Obras que tienen entre 200 y 100 años respectivamente.

Estas minorías estaban horrorizadas de compartir mesa y mantel con personas maravillosas de otros estamentos, por su falta de filtro y ostentación de visceralidad.

En la mayoría de los casos no son ni conscientes de ello, porque lo tienen tan integrado en su rutina cotidiana, que supone el patrón de conducta que parece imperturbable al paso del tiempo.

Ahora que por un cumulo de contingencias, lo vivo en directo por primera vez, percibo que no es fácil y a veces tengo que hacer de tripas corazón para no envilecer también.

Me preocupa que todo esto es educable en la infancia y que lejos de ser un fenomeno transitorio, ha venido para quedarse (quizás nunca se fue), es más se hace ostentación de ordinariez y se usa como estandarte de libertad y de democracia.

Todo el mundo opina de todo lo que no tiene idea, se lee poco, los media cada vez hacen una prensa más amarilla y aunque no es nuevo, está generando conductas toxicas y agravio comparativo.

¿Por qué hablo de ello hoy?

Quizás porque ha habido hace poco unas elecciones y la sociedad lo ha vivido como el Apocalipsis, que digo yo, como el juicio final.

El único momento en el que la democracia nos permite libertad es en las votaciones, hasta ahí de acuerdo.

Pero las campañas suponen un corte transversal de lo que la sociedad es en cada momento, porque los partidos venden un modelo en un supermercado ficticio.

Yo adoro la flema, lo imperturbable, el estoicismo, pero en este caso, el periodo de elecciones se ha vivido con una crispación inusitada y no estoy segura, si esa actitud energúmena y deleznable es nueva, o siempre ha estado ahí larvada al acecho.

Lucho por no perder la coherencia, pero a veces me dan ganas de invadir Polonia.

Publicado por ilabasmati

Licenciada en Bellas Artes, FilologÍa Hispánica y lIiteratura Inglesa.

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